sábado, 8 de octubre de 2011

12.- El poder de una bala


Volviendo de una importante reunión de trabajo, tuvimos que pasar por delante de una base de MINUSTAH (más precisamente por los contingentes de Bangladesh y el de Philipinas). Justo delante de nuestro auto va una camioneta con un soldado armado (¿esto constituye un pleonasmo?). Varios cientos de metros vamos despacio, uno detrás del otro, y observo bien al soldado: (¿hace falta que diga que es blanco?) casco camuflado como la ropa, anteojos negros, chaleco anti balas, borceguíes y un poderoso FAL. Y me entero de que ese juguetito tiene un alcance de poder destructivo a 700 metros. A esa distancia aún puede atravesar un auto. Me explican demasiado gráficamente que arranca un miembro a un ser humano a esa distancia y más.

Sigo mirando al soldado que está de paseo por Haití. No está tenso ni parece estar alerta. No tiene miedo. No crean que esto es Vietnam y que de cualquier cañaveral sale un grupo que resiste la invasión. No se imaginen este escenario como si fuera Afganistán que desde cualquier montaña pedregosa y en medio de una nube de polvo, a miles de metros un talibán dispara con un armamento ruso de altísimo poder y precisión que hará reventar uno de estos vehículos. Haití nada tiene que ver con eso, por eso la calma del soldado.
El camión con el soldado dobla y nosotros seguimos por la ruta llena de vehículos que dicen UN. Me quedo pensando si son necesarias armas de guerra, si es válido el argumento de que en Haití corre gran riesgo la estabilidad y la democracia; si la estabilidad y la democracia se preservan con tropas extranjeras armadas hasta los dientes. También me acuerdo de este joven haitiano que hace unas semanas fue violado por soldados de la MINUSTAH uruguaya.
Hace unos días el muchacho pidió una indemnización de 5 millones de dólares por lo sufrido. Uruguay le contestó que no habría indemnización económica sino jurídica, o sea, cárcel para los victimarios (en Montevideo, por supuesto). Y mi primera reacción es decir que está muy bien la respuesta, teniendo en cuenta que el abogado que aconsejó al haitiano es uno que está en la defensa de Duvalier, el peor dictador que haya tenido Haití jamás. Y menos espontáneamente y con la imagen del FAL y un cuerpo sin miembro en mente, pienso en cuál tendría que ser la indemnización para el país entero.
Hoy fui a comprar artesanías a una misión evangélica que está en la montaña camino a Kenscoff.  Por ahora vamos a dejar pasar de largo el hecho de que a las artesanías las comercie una misión evangélica. Además de la venta de cosas bellísimas  se encuentra allí un museo de “cultura haitiana”. Entro a un laberinto de pasillos de vitrinas con la más ecléctica muestra de cosas.
Una de ellas dice en inglés: “fauna haitiana” en donde se exponen como animal principal un flamenco rosado pero bastante empolvado y desteñido; una lechuza tan reseca que tiene las patas tiesas como señalando algo en el piso y sin ojos; muchos escarabajos que yo creía exclusivos de Egipto; unas lagartijas sin color auténtico y desecadas sin querer; la piel de muda de una serpiente; una tarántula. Otra vitrina sin título tiene fotos de presidentes pero el 80% son de los Duvalier. Entre ellos se encuentra un cartel en créole que dice “no queremos vudú, queremos cristianismo”. Y todo mezclado parece más bien una galería de Ripley (esperaba que saliera Jack Palance y me presentara las cosas).
Me abalanzo sobre la que dice “artesanía haitiana” y veo unas máscaras rituales, telas, pinturas y me detengo en unas bolas de baseball con la leyenda: “bolas hechas en Haití antes del embargo”. Pero quedo estupefacta al ver unos carros de asalto en miniatura, iguales a los que veo por todos lados, blancos con las letras UN. Y al lado unos camuflados que simplemente dicen “1994”. Me refriego los ojos para ver bien. Sí, en la vitrina de las artesanías, lo que es la representación popular del arte, se encuentran dos carros militares extranjeros.
Volvamos a la indemnización económica y supongamos que esté correcta, ya que vivimos en un sistema con industria de juicio. Y ya que entramos en la lógica del negocio, digamos que si se piden 5 millones es porque hay que tener margen de negociación y así, calculo que una violación valdrá 2 millones de dólares. Y en esa línea me pregunto cuánto valdría la vida de una persona. (Seguramente más que el precio de una violación).

Inmediatamente pienso en el cólera que lleva más de 7.000 muertos oficialmente y se calcula que por lo menos habrá el doble.  (En una rápida multiplicación, 7.000 X 2 millones de dólares = USD 14.000 millones). Y además, las violaciones de las que no salen a la luz. Todo esto, sin tener en cuenta la devastación, la mugre, la usurpación que no tiene ya precio, que es incalculable, que no hay manera de ponerlo en forma de unidades.

¿De cuánta plata tendríamos que hablar para indemnizar a Haití?

1 comentario:

  1. Muy bueno el blog (llegue via la barça).
    Que bueno contar lo que se vive, donde sea.

    Diego

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